Experimentemos. La Ciudad de México, 8 millones de habitantes. Sí, cada cabeza es un mundo. Interconectados. La cumbia, el Metro, el Borrego Viudo. 8 millones de identidades anónimas. Es jovencita y ya es mi novia, sonando. 3 pesos. Qué ya lo mataron por meterse con quien no debía. Llueve de nuevo, el café bajo la lluvia. ¿Hoy de qué nos quejamos? Arterias tapadas de gritos ahogados en dolor. 8 millones de sueños. ¡Esquina baja! Miedo. 3 AM, el ruido del silencio. Qué más se puede escribir sobre la Ciudad. Un amanecer. Un atardecer. Da igual, 8 (solitarios) millones.
viernes, febrero 24, 2012
miércoles, febrero 15, 2012
Hoy he decidido no ser poeta.
Hoy he decidido no ser poeta.
He mirado, o mejor dicho he leído, en la poesía y para mi pesar (o fortuna) no encontré conexión con ella. Si bien, el leer poesía es una actividad que disfruto, el pensar en escribirla me causa pesar. ¿Es esto lo que los poetas sienten?
Quiero aclarar que, mi objetivo nunca ha sido ser poeta. Ser poeta, como a muchos, es una fantasía que me gustaría realizar. Pero me he dado cuenta que no tengo esa flama quemándome el pecho, gritándome a las tres de la mañana - Se poeta.-.
¿Qué es ser poeta? Para mí, ser poeta es poder transformar el lenguaje a mi favor, fíjese que no hablo de retórica, sino más bien de usarlo para emocionar. Causar emociones tan fuertes en el lector que cuando termine de leerse el texto este despierte a las tres de la mañana gritando -Quiero ser poeta.- Que al recordar lo leído sienta nostalgia por que terminó. El verso implica, tanto para el poeta como para el lector, jugar con lo escrito, buscar un significado que perdure más allá del texto mismo.
¿Es qué acaso se necesita tener, en la mente, una inestabilidad para ser poeta?
Es imposible escribir ficción sin recurrir a la poesía. Pero, ¿Cualquier ficción es poesía, ó se necesita algo más?
He decidido no ser poeta, mas no he renunciado a la poesía y creo qué, con eso, ya una parte de mi es poesía.
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